1 - UPyD nació, como es sabido, con fuertes vínculos con los movimientos cívicos como ¡Basta Ya! que, en el País Vasco y fuera de él, rechazaron cualquier negociación política con ETA y reclamaban el cumplimiento de la ley sin reservas para derrotar al terrorismo. La fundación de UPyD nace de la reflexión sobre la baja calidad de una democracia cuyos partidos dominantes parecen no saber qué hacer con esa banda terrorista, ni tampoco para garantizar la vigencia de la Constitución en el País Vasco y el resto de España.
2 - Hasta hace unos años los partidos grandes mantenían, en apariencia, una posición similar, resumible en que el Estado de derecho no podía ni debía hacer la menor concesión política a ETA para conseguir el fin de su actividad terrorista. Sin embargo, el PSOE con los Gobiernos de Zapatero, y ahora el PP con el de Rajoy, han abandonado ese principio y asumido con mayor o menor sinceridad la tesis de la negociación que antes sólo defendían IU y los nacionalistas. La puesta en marcha de un Plan de Reinserción excepcional por el Gobierno, cuando todos los condenados por terrorismo pueden reinsertarse cumpliendo la legalidad (romper con la banda, colaborar con la justicia y pedir perdón), deja fuera de toda duda que el Gobierno acepta a ETA como interlocutor y cede a su exigencia de una salida colectiva y con impunidad para sus activistas presos. Es parte del precio para el “fin de la violencia”. El precio anterior fue aceptar la actividad de Bildu y Amaiur sin iniciar el proceso de ilegalización previsto por la Ley de Partidos, cuando rechazaron en el Congreso la iniciativa de UPyD.
3 - Sin duda alguna nos hemos quedado solos: UPyD es el único partido parlamentario que sigue reclamando la aplicación de la Ley de Partidos a los herederos de Batasuna (ahora Bildu y Amaiur), y el rechazo de cualquier concesión a ETA, de la que exigimos su disolución incondicional. Pero lo mismo nos ocurre cuando pedimos la reforma del modelo de Estado y de la Constitución, entre otras propuestas.
4 - Algunos nos acusan de no tener otro discurso ni tema que el terrorismo, acusación a la que habitualmente añaden los cargos de demagogia, populismo y jacobinismo cuando explicamos nuestras propuestas de reforma laboral, lucha contra la corrupción, regeneración de las instituciones o reforma del Estado. Sin embargo, del mismo modo en que no debemos variar nuestra propuesta de reforma del Estado por esas acusaciones falaces e interesadas, tampoco debemos modificar nuestra posición contraria a la negociación con ETA. De hacerlo traicionaríamos el ideario y programa de UPyD, nuestro concepto de la democracia. Se trata de principios y de inteligencia estratégica para el desarrollo de nuestro proyecto político.
5 - Rechazar la negociación con ETA es tan esencial para el presente y futuro de la democracia en España como oponerse a la amnistía fiscal, a la precariedad laboral, al desastre del Estado de las Autonomías o a la corrupción. El fin del terrorismo sin concesiones políticas y aplicando las leyes no es un “caso aparte”, sino que forma parte del proyecto mismo de regeneración democrática. Aceptar la negociación es renunciar a la igualdad ante la ley y por tanto al funcionamiento básico de la democracia. Pues la razón de fondo por la que soportamos 5’6 millones de parados es la misma para negociar con ETA: la incapacidad de nuestras instituciones para hacer realidad los derechos constitucionales al trabajo y a la libertad personal.
6 - La negociación con ETA es un caso extremo de otras malas prácticas de gobierno como los indultos a condenados por corrupción, la amnistía fiscal a los defraudadores o la irresponsabilidad política de quienes han hundido el sistema financiero con su pésima gestión. Es otro aspecto de la tolerancia del crimen y de la debilidad del Estado con los delincuentes, mientras trata con dureza o ignora a quienes cumplimos las leyes y pagamos los impuestos. Con el agravante de que el terrorismo es un delito mucho más grave que defraudar a Hacienda, malversar o robar caudales públicos, o gestionar de modo irresponsable las Cajas de Ahorro.
7 - El argumento de que negociar con ETA salvará vidas y solucionará un problema de menor importancia ahora que no hay violencia o al menos asesinatos significa aceptar la impunidad del asesinato como instrumento político, pero además ignora que la banda ha llegado hasta su actual debilidad precisamente por el rechazo a la negociación, por la aplicación y desarrollo de leyes adecuadas, y por su aplicación por los cuerpos de seguridad y tribunales de justicia. Regala a ETA una victoria política cuando ya estaba policialmente derrotada.
8 – La actual debilidad con ETA es un retroceso que tendrá consecuencias: lejos de asegurar la paz (entendida como mera ausencia de violencia física, pero sin justicia ni verdad ética y política), rearma a quienes comparten sus objetivos, que no son otros que la destrucción de la democracia en el País Vasco y Navarra y la secesión de España –obviamente aprovechada por otros nacionalismos separatistas- mediante el chantaje permanente, implícito o explícito, del retorno de la violencia si no se sigue su vía “soberanista”.
9 - Es incuestionable que hoy estaríamos asistiendo al fin de la banda, y del nacionalismo totalitario que sostiene, sin contrapartidas y con un gran progreso de la libertad, si se hubiera mantenido la presión sobre ETA sin concesiones políticas. Lo es aceptar la puesta en marcha de un “proceso de paz” que admite la existencia de razones históricas para el terrorismo y, por tanto, la falta de legitimidad de la democracia española.
10 – En definitiva, rechazar la negociación con ETA y con el terrorismo en general es parte fundamental del programa de UPyD, al mismo nivel que cualquier otro de nuestros principios y objetivos políticos. No podemos ni vamos a aceptarla ni siquiera al modo encubierto y disimulado en que la ha asumido el Gobierno de Rajoy y el Partido Popular, ni aunque, como ha sucedido, nos quedemos solos como único partido parlamentario en rechazarla. No es ni será una soledad diferente a la que nos ganamos defendiendo en solitario otras reformas políticas fundamentales y urgentes. Por eso debemos entenderla como expresión de autenticidad y coherencia, dándole en nuestras iniciativas y discurso político el lugar que le corresponde, por mucho que moleste a la opinión políticamente correcta, o precisamente por eso. Sin olvidar nunca que se lo debemos a quienes se dejaron la vida en una lucha que nos ha permitido estar aquí, y que podrían haber conservado perfectamente de haber admitido que es mejor ceder y resignarse a la injusticia que resistir y luchar por la libertad.