Tratando de entender la teoría de la relatividad promulgada por Albert Einsten a principios del Siglo XX, un día me topé con un texto donde se hablaba de dos tipos con pasta que habían decidido dar un paseo a bordo de un Transatlántico. El primero de ellos decide pasar el viaje sentado en una hamaca leyendo la prensa local mientras el segundo comienza a dar vueltas por cubierta montado en una bicicleta.Tan marinera imágen nos lleva a preguntarnos por la percepción de la velocidad que tiene cada cual y descubrimos que para el pollo de la hamaca el ciclista se aleja de él a 20 km/h, pero para un pescador que observe desde la orilla el ciclista no se mueve a 20 km/h, sino a 50 km/h, ya que tiene que sumar la velocidad del propio barco. Además, el lector no está quieto, sino que se mueve a 30 km/h, exactamente la velocidad del barco. Arriba del todo, en el sol, está colocado el malo de Superman IV, quien tras observar la escena concluye que el pescador se mueve a una gran velocidad (la velocidad que supone la rotación de la tierra alrededor del sol) y que el lector va un poco más rápido y el ciclista más rápido aún. La conclusión es que la velocidad de los cuerpos depende del observador.
Dicho lo cual, y como veo que excede de mi propia capacidad pedagógica tratar de hacerles entender ahora que si todos ellos viajan con un cronómetro en el bolsillo cuando el barco llegue a tierra verán que tienen lecturas distintas (porque el tiempo también depende del observador), creo que dedicaré las próximas líneas a explicarles algo más sencillo como es:
La Teoría de la Relatividad aplicada a las retribuciones de los Altos Cargos que habitan en el Ayuntamiento de Alcorcón.
Tras analizar la famosa lista de funcionarios eventuales publicada por el PSOE de Alcorcón el pasado viernes, y aún deseando mandar a la hoguera a unos cuantos conductores, varios auxiliares, y la mayoría de los junta-letras del Gabinete de Prensa, voy a tratar de reprimir los efectos de la envidia y buscaré un punto de referencia comparando los Altos Cargos peperos con sus homólogos socialistas.
Lo primero que debemos hacer es asumir que no todo bicho nombrado "a dedo" es un "Alto Cargo", y dado que el PSOE es sólo transparente "a medias" y ocultan pertinazmente los cargos de confianza propios, vamos a tener que limitarnos a comparar el cuadro de Directores Generales de unos y otros:

Tal y como podrán observar, y si las matemáticas no mienten, el mismo Ayuntamiento gobernado por el Partido Popular destina la tercera parte de los recursos que cuando era gobernado por los socialistas para "alimentar" a sus Altos Cargos.
Así, de los 27 Directores Generales (o asimilados) que llegó a tener el PSOE, vemos como el Partido Popular sólo ha contratado a 9 y si nos fijamos en el gasto que ello supone vemos que en los últimos cuatro años Cascallana & Company se gastaban 2.282.998 Euros mientras David Pérez y su tropa funcionan con 622.797 euros anuales.
Otra cosa, me dirán, son los "cargos de confianza". Pero como ya he dicho eso es otra historia y, aunque eventuales, suponen una mayor fuerza laboral al servicio del ciudadano. Además a día de hoy no tenemos datos para comparar ambas administraciones. Pero quédense con la idea de que al igual que en la teoría de la relatividad todo depende del cristal con que se mira y en esta historia cada uno cuenta la feria según le va en ella.
Nada hay que distinga mejor a un potentado que tirar de visa para pagar caprichos y poner el caso en manos de sus abogados. O al menos eso es lo que cree la gente de izquierdas, el progre social, gente del pueblo; a quien nada le pone más en el cargo que una visa platino y un bufete a su disposición. No son menos importantes otras cosas como el aplauso del movimiento ciudadano o poder colocar a la parentela en alguna administración, empresa pública, o ERE falso; donde permanecer hasta la jubilación o hinchar la faltriquera.
Escribo estas líneas desde el lío que tengo en mi cabeza sobre el conocido proyecto denominado “LAS VEGAS DE ALCORCÓN”, ya que, como todo en la vida, tendrá sus cosas buenas y sus cosas malas. Nada es perfecto. Lo que sí tengo muy claro es que este tipo de proyectos para una ciudad como la de Alcorcón necesita de un amplio consenso ciudadano. Y aquí es donde tengo las dudas.