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Pintada sobre pintada

Y sobre pintada, una. El paseante se entera de que el gobierno municipal hace alarde de gastar 10.000 euros al mes para limpiar pintadas en Alcorcón. Y que dice haber eliminado unas 35.000 pintadas en 72.490 metros de fachadas. ¡35.000! ¡En 72 kilómetros! El paseante, que patea la ciudad y la ve llena de pintadas, decide incluir esa noticia en la serie Misterios de Alcorcón.

El paseante se sorprende ante esas cifras. Vuelve sobre sus pasos y comprueba. En la C/ Martin Luther King 54 se hallaba esta pintada el 30 de octubre de 2011:

Y hoy, 5 de enero de 2012, la calle Martin Luther King sigue teniendo numerosas pintadas además de esta, que sigue intacta (intacta, no, con alguna firma añadida):

El 29 de noviembre de 2011, el paseante visitaba el mercadillo de los martes y dejaba testimonio de la vida en ebullición de ese espacio (en la zona inferior izquierda, parte de una extensa pintada):
Hoy 5 de enero de 2012, el paseante ha tenido la curiosidad de saber si ese supuesto cambio "espectacular" afectaba a este paisaje. Pues parece que no:

Los columpios del Parque de las Comunidades, que el 12 de noviembre tenían varias pintadas (como se puede ver en otra entrada de este blog) siguen llenos de grafitis hoy 5 de enero. Es cierto que algunos ya no están (con lo bien que quedaba ese "¡Qué desfase!", a tono con los columpios), pero encima hay muchos nuevos. Pintada sobre pintada. Hoy la fuente está así:
El paseante que desde este Parque de las Comunidades, uno de los tesoros de nuestra ciudad, suba por la C/ Los Pinos hacia el centro tendrá necesariamente que indignarse (antes se decía cabrearse) si le cuentan que Alcorcón ha dado un cambio "espectacular" en seis meses y que se gastan 10.000 euros de dinero público en limpiar pintadas. La calle (igual que muchas otras) está plagada de firmas grafiteras.

¿Y si esos 10.000 sirvieran para dar trabajo a varias personas? ¿Y si se emplearan en incentivar y canalizar la creatividad de los jóvenes en vez de supuestamente borrar pintadas que vuelven a aparecer? ¿Si la ciudad está en la ruina, como nos repiten una y otra vez, por qué derrochar 10.000 euros al mes que tienen el resultado que aquí se ve?

Prado de Santo Domingo

Diez de la mañana. Frío cortante en Alcorcón. El sol invita a pasear por espacios como el Prado de Santo Domingo. Una suerte contar con este parque que incluye un pequeño bosque de pinos carrascos (amenazado en otro tiempo).

 Al final del bosque, se divisa el montecito que en otro paseo denominamos "de la estantería". La ciudad y la naturaleza se dan la mano en este territorio: los grafitis de la pista de skate y los extraños dibujos que hace la vida para salir adelante a pesar de las dificultades.   
 Aunque el túnel parezca oscuro, aunque el camino se haya torcido, este ser vivo nos da una lección de increíble capacidad de lucha por resistir y no ser doblegado.

Martes de mercadillo

Si el paseante decide recorrer la calle Pablo Neruda desde su conexión con la Av. del Oeste, se encontrará a su izquierda con el extenso Parque de la República. La convivencia entre vecinas hojas perennes y caducas crea un sabroso juego de colores que abren más los ojos del invitado.

Subiendo la cuesta del parque, el paseante encuentra un amplio espacio verde aún muy desnudo de arbolado. Pero si tiene la suerte de acudir un día tranquilo, un paisaje sonoro le invade: el silencio y las notas de los trinos de los pájaros que recorren el parque.

 El paseante sigue subiendo la cuesta del Parque disfrutando del concierto de las aves pero, de repente, el paisaje sonoro cambia radicalmente: el rumor de un griterío le sorprende.

Sube a lo alto de la cuesta y allí está... El mercadillo de los martes en ebullición. Desde lo alto del auditorio abierto del parque (por cierto, parece que el superequipo de limpieza del alcalde ha querido respetar el grafiti), se oyen las voces: "¡A lo que quieras! ¡A lo que quieras! ¡A lo que quieras!". Una impulsiva vendedora rompe las leyes del mercado y anuncia su disposición a que sea el comprador el que ponga el precio. El paseante baja y se acerca para mezclarse entre el gentío. El brillo de la fruta a mediodía. "¡Pintalabios pa la crisis!" "¡Pintalabios pa la crisis! ¡A doh euroh! ¡A doh euroh!".
Un hombre regala al paseante una invitación para el circo. El autor de este blog descubre la mirada honesta de quien se lo entrega e imagina una vida dura, entregada a una pasión. Decide dedicar su próximo paseo, su próxima entrada, al circo instalado en el recinto ferial.

Otoño pintado

Parque de las Comunidades. 10 de la mañana. Otoño en Alcorcón.
El paseante está un poco triste, porque no ha encontrado la luz y el brillo que quería. Ha sabido por los comentarios que tiene valiosos lectores (capaces de apreciar la belleza y el valor de la naturaleza) y no querría defraudarles.

Pero al lado de la belleza de los árboles, está el conflicto permanente de los humanos. Parece que la superbrigada de limpieza del ayuntamiento no ha llegado hasta aquí, porque abundan las pintadas. Algunas de contenido político, que el paseante no va a reproducir aquí.

Otras, con cierta armonía estética con el entorno (obsérvese el rojo de la pintada, a juego con los toboganes: cuando un niño se tire por el tobogán, quedará muy oportuna su cara de velocidad y ese "¡Qué desfase!"). Quizá el alcalde haya valorado su estética y haya ordenado su respetuosa conservación. Ya sé que algún lector dirá: tú sí que eres un desfase, payaso. Pero qué hermosa profesión esa, la de payaso.

Monte del misterio

Esta mañana el paseante ha querido aprovechar el solecito de este octubre que se niega a someterse al otoño. Y ha hecho un pequeño descubrimiento que recomienda a sus lectores.

Al final de la calle Pablo Picasso, entre el Ensache Sur y la M-50, hay un montecito que nació con la construcción del barrio.

Lo que el paseante no sabe es que en lo alto del montecito le espera... un misterio.
¿Qué hace una estantería metálica en lo alto del montículo? Desde luego, el paseante no la ha subido para hacer la foto. Y no se imagina a nadie (con lo empinada que es la cuesta) trayéndola allí por capricho. El paseante decide iniciar la serie Misterios de Alcorcón. Seguiremos investigando (cualquier pista en comentario es bienvenida).

El paseo merece la pena. La vista desde el Monte de la estantería (por si nadie lo ha bautizado antes) es muy interesante. Se ve uno de los muchos espacios verdes que tenemos la suerte de tener en Alcorcón, instalaciones deportivas (los que tengan mejor vista, al fondo el Teatro Buero Vallejo con su característica pirámide superior).
Algún visitante ha dejado en madera las huellas de su paso, como si el colorido de los edificios del Ensanche invitara a un cómic callejero.
 Y el paseante sigue la actualidad de Alcorcón en directo. Hoy hacia la una de la mañana el macrocolegio religioso que ha aparecido en este blog estaba siendo objeto de algo muy importante: su rotulación para que ningún incauto lo confunda con una fábrica, como le sucedió al paseante.

Aunque casi no se divisa en la foto, los operarios estaban escribiendo: "Educar en la Verdad para ser lib...": ¿"liberales"? No. Lo terminan y se lee: "libres". El paseante, que no es persona de un solo libro, espera que no le hagan "libre" a la fuerza.





Lazos verdes

Ayer por la tarde salí a pasear con mi amigo Juan Antonio, que usa eso del twitter y el facebook (que yo no soporto). Me decía que le había contado a la gente lo de este blog y que ya, recién nacido, lo habían visto unos cuantos. Quedamos a tomar una cerveza para celebrarlo.

Mi amigo me preguntaba que si había barracones en el nuevo colegio religioso (sostenido con dinero público) del Ensache Sur. Yo le dije que no, pero, para comprobarlo, fuimos paseando hacia allá. En el camino, nos encontramos con el colegio Fuente del Palomar.
Este es el colegio público más cercano al barrio del Ensanche Sur. Me contaba Juan Antonio (que es parte interesada, porque pertenece al gremio) que los lazos verdes son por las protestas de la escuela pública. Que en muchos centros han quitado las pancartas que pusieron los profesores (en Getafe hay videocámaras que han grabado a una extraña furgoneta arrancándolas) y que han recurrido a símbolos como esos lazos.

Seguimos caminando y llegamos al colegio religioso. No vimos barracones por ningún sitio. Al contrario, el aspecto es el de una enorme fábrica o complejo comercial. Que cada cual saque sus conclusiones.

De regreso al barrio, paseamos por la calle Martin Luther King. Fuimos contando más de 30 pintadas en nuestro paseo. Comentamos el plan de limpieza del nuevo alcalde, que dice haber eliminado más de 20.000.

Pues le deben quedar otras 20.000 porque en gran parte de Alcorcón se ven paredes como esta (C/Martin Luther King, 54).
Por allí vimos a un hombre que parecía hacerle el amor a una nevera (ella tumbada en el suelo, él, en posición) pero el paseante no se atrevió a fotografiarlo porque le pareció un momento demasiado íntimo.

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